
En el auto empezamos a intercambiar opiniones sobre las zapatillas que le convenía comprar, por supuesto que no hay manera de convencer a un pre adolescente de que le convienen mas tal o cual zapatilla, marca o modelo, mi hijo no es la excepción.
El quería unas Converse de no se que color, con la puntera de no se que otro color y los cordones de no se donde…
Entramos a 25 casas de deporte y como no podía ser de otra manera, el modelo que el buscaba no estaba o no había numero y ahí empezaba una encarnizada lucha entre el púber frustrado porque no estaban, el vendedor que lo quería convencer de que el modelo de vidriera era mas lindo y yo que a esa altura lo único que quería era comprar las que sean pero rápido para poder ir ala farmacia a comprar un chupete antes de que cerrara.
Después de 2hs de buscar se decidió al fin por unas.
Fue una tarde maravillosa, hacia mucho tiempo que no salíamos solos, charloteamos, nos reímos, lo disfrutamos un montón los dos.
Ya estábamos volviendo y me doy cuenta de que me había olvidado de comprar el chupete. Paramos, la farmacia que estaba desierta, raro para un sábado a esa hora.
Entro y me sumerjo en la góndola de los chupetes, miro y no encuentro la marca que buscaba (solo yo compro un chupete marca Argos tres meses antes que de nazca la nena se lo meto en la boca y acá estamos es el único que quiere y no lo encuentro en ningún lugar).
Me acerco al mostrador y se desarrolla el siguiente dialogo:
Yo –hola, ¿tenés chupetes marca Argos?
Vendedora –No
Iván –¿y marca ACME?
Vendedora –revisando en la computadora que contesta -No, ACME tampoco.
Pensé que me moría de la tentación de risa, me doy vuelta lo veo a mi hijo con cara de yo no fui y pienso, no puede ser tan pelotuda la empleada de la farmacia para que la pase un pendejo de 11 años, no puede no saber que es ACME, no puede buscarlo en la computadora, no puede vender medicamentos una boluda importante como esta. Agarro unos chupetes marca Babelito, pago y salgo lo más rápido que puedo para poder matarme de risa de la caradurez del pendejo y la idiotez absoluta de la empleada.