
Damián abrió la puerta del departamento y Ana se desplomó en sus brazos, entre sollozos le relató lo que había encontrado en el correo electrónico de Pablo, le contó con detalles sobre las amenazas de Mariana y le preguntó si creía que fuera capaz de llevar a cabo se dejante locura.
Él la escuchó en silencio, mientras le acariciaba el cabello con los dedos, se hizo un silencio, la tomó fuertemente de una mano y le dijo que días antes de la muerte de Pablo, los escuchó a él y a Mariana tener una fuerte discusión en la sala anterior al quirófano, y ella se retiró dando un portazo y diciendo “me las vas a pagar, de esta no te vas a zafar tan fácilmente” y al preguntarle que era lo que estaba pasando él le contestó con evasivas y le dijo que era un problema de trabajo que no se preocupara.
Damián agregó que después de ese episodio, hubo algunos rumores sobre un supuesto romance entre ellos, pero nada que los confirmara.
Ana le reprochó que no le hubiese contado nada en el momento, pero él le dijo que no quería que sufriera por un simple rumor. Le preguntó si podía contar su testimonio a la policía y él aceptó.
Vinieron días muy angustiantes, la policía interrogó e investigó a Mariana que la enfrentó furiosa en el pasillo del hospital mientras se la llevaban, y a los gritos le dijo:” Pablo me amaba a mi, te molesta saberlo, estas inventado esto para vengarte de mi”
Horas después, se enteró que habían dejado a libre a Mariana por falta de pruebas en su contra.
Ana no podía creer lo que estaba viviendo, no sabía que pensar, si Mariana era culpable, tenía que descubrirlo de alguna manera.
Ese fin de semana Damián, la invitó al Tigre a una pequeña cabaña a orillas del río , sabía que a Ana le gustaba poco el aire libre, pero finalmente la convenció, no le vendría nada mal estar dos días alejada de celulares sonando, televisión, computadora y el bullicio de la ciudad.
Estaban en silencio, tomando una copa de vino cuando Damián repentinamente la besó, Ana que se separó de un salto, lo miró con asombro sin decir nada.
Sabes que yo te amo desde que estábamos en la facultad, ¿por qué te asombra?, ahora estás sola hace un año, ¿no crees que es momento de que pienses en nosotros? Ana no salía de su asombro.
Damián, yo te quiero mucho, pero…
Él no la dejó terminar la frase y la y la volvió a besar, esta vez ella no se alejó, lo abrazó con fuerza y tendidos en la alfombra hicieron el amor.
Cuando se despertó él estaba preparando el desayuno, se acercó le apartó un mechón de pelo que caía sobre sus ojos y la beso en los labios, ella bajó la cabeza y se sentó, desayunaron en silencio entre miradas y prepararon las cosas para emprender el regreso.
Al entrar a su casa, Ana vio que la luz del contestador marcaba doce mensajes, dejó la maleta y oprimió el botón
Dra. Ana, habla el comisario Garmendia, necesitamos que venga urgente a la jefatura, es sobre el crimen de su marido.
Sin terminar de escuchar salió para la jefatura, en el camino llamó infructuosamente a Damián para contarle, pero no lo ubicó.
Se sentó en
Dra. Recibimos una llamada anónima el día viernes, una denuncia contra el Dr. Damián Lacroce, inculpándolo por el crimen de su esposo y lamentamos decirle que el Dr. Está prófugo, pero allanamos su casa. Ana interrumpió al comisario diciendo que debía haber un error, ya que ella había estado con él en el Tigre el fin de semana y que lo conocía hacía años, que seguramente alguien quería desviar la investigación.
Garmendia, dejó que Ana terminara de hablar y le dijo: señora, como le dije allanamos la casa y encontramos el celular de su esposo y un reloj con sus iniciales grabadas.
Ana sintió que se le aflojaba todo el cuerpo y se desplomó en la oficina del comisario.
Cuando volvió en si, estaba en una ambulancia que la llevaba al hospital, escoltada por un oficial de policía que le pedía que esté tranquila. Estaba aturdida, no sabía si lo había soñado o era verdad, preguntó por Garmendia el oficial le dijo que descansara, que habría tiempo de hablar.
Esa misma tarde, ya en su casa, Garmendia la visitó para contarle los avances en la investigación.
Le informó que el Dr. Damián Lacroce había sido detenido y lamentaba tener que decírselo, pero había confesado que era el autor material del crimen de Pablo.
Según los dichos del mismo Damián al psicólogo de la policía “hacía años que amaba a Ana, esperé a que se diera cuenta de que Pablo no le convenía, pero fue en vano” “pensé que si el no estaba en el medio, ella finalmente sería mía” “ no me arrepiento de haberlo matado, este fin de semana ella fue mía, sabía que si el no estaba ella se fijaría en mi” “no me equivoqué” “ si se hubiera ido con Mariana, si la hubiera dejado libre a Ana hoy estaría vivo, el eligió mal”
El comisario se retiró y Ana se encerró en su casa y en si misma, no atendió los teléfonos, ni los mensajes. Se aseguró de que sus conocidos supieran que ella estaba bien y les pidió que respetaran su silencio y su necesidad de estar sola para procesar lo sucedido.
Preparó un te, alimentó al gato que maullaba y se sentó frente a la ventana en donde todavía estaban los cigarrillos y el encendedor de Pablo tal y como los había dejado antes de irse, tomó la caja, los miró, y encendió uno, el segundo que fumaría desde que había dejado de fumar dos años atrás, aspiró profundamente y dejó salir la primer bocanada de humo haciendo círculos. Recorrió mentalmente cada minuto de su último día con Pablo, había sido un día como todos, no habían hecho nada especial, nada que le sirviera aunque sea para aliviar el dolor de la ausencia, algo que retener en su memoria como lo último que habían vivido juntos y como al principio, no encontró nada.